Podría hoy escribir de muchas cosas pero no puedo quitarme de la cabeza a ese vecino mío con pinta de Quijote del quinto C. Llevo más de un año viviendo en este edificio, en el quinto B y siempre lleva el mismo chándal roído y pintado de plástica blanca, pero que no sé que tiene que me atrae el descaro con que los lleva... ¿Eso... o será la forma de su trasero que se adivina en él, por no hablar de las muchas tiendas de campaña que le he adivinado cuando coincidimos por las noches al bajar la basura? El tiro de pierna del chándal le queda corto dejando entrever los calcetines desparejados de deporte viejos a juego con las zapatillas de estar por casa que parece que se las ha robado a su padre, de esas de felpa marrones a cuadros amarillos...
Pero no, no es eso lo que me atrae... no.
Será el hecho de las coincidencias. Debo estar tonta por sentir eso pero me enamoran sus bolsas de basura con olor a tierra meada de gato, y por encima de todo sus “Buenas noches” al entrar en el ascensor. El aroma inminente se mezcla con el olor de mi basura y, aunque pueda parecer algo absurdo, es un olor auténtico... de su basura y de la mía, y eso es difícil de conseguir. Y su tropiezo al entrar en el ascensor de medio metro cuadrado, nunca sabe dónde ponerse: entro yo mientras me aguanta la puerta –excepto aquel día que nos rozamos y soltó la puerta dándome en la frente-, me doy la vuelta mirando a la puerta, detrás de mí entra él, nos quedamos de frente a dos milímetros el uno del otro ya que la puerta le ha empujado para adentro bruscamente, las bolsas de basura luchan por un hueco entre nuestras piernas. Entonces se da la vuelta para pulsar el botón B llevándose por delante mi bolsa y mi mano con ella. Mi brazo rodea su cintura mientras vuelve a darse la vuelta arrastrándome con él con lo que nos marcamos un vals durante el trayecto.
Debe ser eso, me atonta este Quijote, y no es sólo por el olor a sudor de su camiseta, si no por como se enredan los botones de mi bata en sus mangas y como mágicamente siempre hay uno que se desabrocha. Y entonces el imán de mi escote atrae su mirada... y es cuando el olor a basura de gato y sardinas me embriaga... y...
...el ascensor llega a la planta baja... y por alguna razón él siempre se va deprisa con un escueto “Hasta luego” y a mí me da con la puerta en las narices, pero lo hace con un estilazo que me quita "er sentío".
Esta noche quizá... le pregunte si recicla. Hoy tengo de basura cabezas de merluza y los restos de una salsa verde, receta de la vecina de arriba. Quizá sea esta noche... la noche.
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