Mostrando entradas con la etiqueta MITOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MITOS. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de abril de 2014

OCÉANO DE AUSENCIA


Hoy te he recordado como nunca lo había hecho… y me he dado cuenta de que te echo de menos. Me sumergí en el océano de tus fotografías y tus cartas. Esparcidas sobre el edredón, y es que sólo puedo bucear en ellas en mi cama…

Sí, aún las guardo, todas.

Me he empapado de tu rostro, tu mirada y tus letras. Al instante estaba contigo, de nuevo juntos, descubriéndonos una y otra vez, hablándonos con miradas, confesándonos con besos, entrelazándonos, palpándonos, apresándonos, sorprendiéndonos… amándonos.

He vuelto a leer tus cartas. He recordado lo que sentí en el momento de descubrirlas. He paseado entre las letras y sus momentos, me he balanceado en cada coma, me he detenido en cada punto, he suspirado en cada párrafo… y me he vuelto a enamorar en cada hoja. ¿Dónde está el que escribió estas cartas?

Tú, inmortalizado en instantes hechos fotografías. Éstas me han traído tu aroma y tu vaivén; cada una de ellas me han hecho sentir otra vez el calor de tu cuerpo embriagándome con la sensualidad de tus facciones. El contorno de tus labios ha entreabierto los míos, han esperado ser besados… pero sólo se han mojado con mis lágrimas… saladas…

En realidad no sé por qué he llorado… lloro… ¿tal vez porque sin llegar a tenerte te pierdo…?

Ya no estás aquí, pero estas fotografías y tus cartas me traen tu recuerdo. Me consuela saber que ellas calman mi hambre de ti. Pienso que quizá... ya nunca más sentiré las cosquillas de tus pestañas…

Vale, no lo pienso…

(Regreso al edredón, mi océano de ausencia… pues vuelvo a tener hambre…)

viernes, 4 de abril de 2014

NO PUEDE'S'ER SANO


No puede ser sana la forma de pensarte, tan real... la montaña rusa aún existe en mi estómago y la siento aunque no te vea. Es una ráfaga que me sorprende en cualquier momento del día y me suspira tu nombre.

No puede ser sano que invadas mi mente de esta manera, a tu antojo, paseándote por mis neuronas como si fuera tu casa, ¿quién te has creído para instalarte entre mis sienes y reinar mis fantasías y mis sueños? ¿Quién te has creído, ladrón? Maldito el día en que decidí olvidarte porque ahora no hago más que recordarte, me has robado mi pensamiento.

No, indudablemente, no puedes ser sano, tú, que te has incrustado tanto en mi vida que no sé cómo sacarte, ¿peor es saber que ya no podré tenerte?

No puede ser sano, tanto calor enfermizo, la enredadera de tus manos se ha quedado vagando por mi cintura y ese beso... Ése, quedó meciéndose en mi clavícula.

Pero, para, para... un momento... si tú ya me has olvidado... ¿por qué yo a ti no?

jueves, 27 de marzo de 2014

INSANNA

No hago nada. Ni voy. Ni vengo. Ni sé qué debo decir, ni qué debo pensar... pensar. Si al menos pudiera llorar, o gritar la rabia que siento. Si pudiera echar de mí estos susurros tuyos, esas caídas de mirada al suelo, si pudiera recoger el agua de tu abandono y tirarla al mar. Si al menos pudiera mirar, o hablar o simplemente escuchar. Pero sólo oigo truenos, estruendos que me atemorizan, me convierten en un bicho indefenso, gusano que se arrastra por el barro de tu huída...

Estoy estancada, entre muro y muro, caminos largos y solitarios me esperan a ambos lados, ¿hacia dónde ir? Ni siquiera sé si debería ponerme en pie y caminar. Temo andar, porque aún siento tus pisadas en mis pasos, el ritmo de tus pies en mis talones, la dirección circular atontada y prisionera de tu tiempo absurdo que en ningún lugar culmina.

Como el agua de un estanque todo empieza a oler mal aquí, aire respirado un millón de veces, encerrado. Un ecosistema se crea en la concavidad de mi ombligo, son tus recuerdos que los llevo alimentando sin placenta desde hace tiempo. Me pueblan todavía tus caricias los pechos, que a veces, erectos, se creen que estás conmigo... en la parte del océano de nuestro lecho donde solías navegar y bucear hasta anclar entre mis piernas. Sólo ha quedado la estela del barco que ya partió.

No sé a dónde ir, si me esperan en algún lugar, olvidé los nombres de esas borrosas caras. Me abruma la espesa niebla que has dejado a mi alrededor, me asusta la imagen de tu figura recortada en el horizonte, como el Osborne aquél, acechándome, vigilándome, viéndome cómo me pierdo en el devenir de mis días que ya se acaban. Soy resistente a tu mirada, pero mi corazón no. Puedo sentirte en mí, todavía controlando mis latidos, mis sentidos, mis suspiros.

Dando vueltas a un café, sentada en el extremo del sofá observo la soledad de mi casa. Yo sólo necesitaba que quisieras quererme... pero fría como mi café se ha quedado tu inocente promesa.

¿Y ahora qué?

Voy a quedarme quieta, en este socavón donde me dejaste. No voy a intentar salir, ni respirar, no voy a pedir aire ni agua, me quedaré estática sintiendo plano el encefalograma de mi vida. No sé si me lo merezco pero me voy a quedar aquí. Expectante del tiempo, a ver pasar las estaciones, observaré la órbita de Venus creciente, inventaré una esfera transparente que me resguarde del viento, dejaré que mi mente enloquezca y luego... luego si he de morir, moriré pero si he de vivir, viviré.

Porque no puede ser sana la forma que he tenido de amarte... no puede ser sana la forma en que me estás obligando a olvidarte. No puedo soportarlo y me vuelvo In-Sanna.