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viernes, 4 de abril de 2014

NO PUEDE'S'ER SANO


No puede ser sana la forma de pensarte, tan real... la montaña rusa aún existe en mi estómago y la siento aunque no te vea. Es una ráfaga que me sorprende en cualquier momento del día y me suspira tu nombre.

No puede ser sano que invadas mi mente de esta manera, a tu antojo, paseándote por mis neuronas como si fuera tu casa, ¿quién te has creído para instalarte entre mis sienes y reinar mis fantasías y mis sueños? ¿Quién te has creído, ladrón? Maldito el día en que decidí olvidarte porque ahora no hago más que recordarte, me has robado mi pensamiento.

No, indudablemente, no puedes ser sano, tú, que te has incrustado tanto en mi vida que no sé cómo sacarte, ¿peor es saber que ya no podré tenerte?

No puede ser sano, tanto calor enfermizo, la enredadera de tus manos se ha quedado vagando por mi cintura y ese beso... Ése, quedó meciéndose en mi clavícula.

Pero, para, para... un momento... si tú ya me has olvidado... ¿por qué yo a ti no?

lunes, 31 de marzo de 2014

LAO TSE

Ser profundamente amado te da fuerzas, mientras que amar profundamente a alguien te da coraje.

jueves, 27 de marzo de 2014

CUANDO NO PUEDO MÁS

Hay momentos en la vida en que es difícil explicar lo que se siente…
…esos mismos momentos son difíciles de explicar también.

La inmensidad del mar, un claro de luna, un desamor, la muerte, la vida, un beso.

Un “Qué bonito”, un “Te quiero”, un regalo, un lloro, un grito no sirven. Y esas sensaciones se clavan en mí, imposibles de digerir, aunque algunas me llenen de alegría. Se almacenan, se juntan, se alborotan. Y ya no hay cabida para más.

Esa combinación de sonidos y letras no me ayudan esta vez, no puedo comunicarme, no puedo hablar y un dolor sordo, constante, implacable, barrena mi alma, mi paciencia.

Situación insoportable. Me siento atrapada en una habitación blanca sin puertas ni ventanas. Es mi prisión. Siento miedo. Necesito huir pero no sé cómo y no sirve volver atrás. Todo cuanto haga es inútil. La impotencia se convierte en un gusano que me carcome por detro, me irrita, me enferma, me pudre.

El dolor de saberme aprisionada entre sensaciones inexplicables me llena de odio y rencor. Todo lo bueno que me acaricia inevitablemente me hace explotar. La decepción de quienes me quieren que también entra en mí, se instala en mi estómago, me pellizca.

La oscuridad, la soledad me aprietan en las sienes cada vez más fuerte.

Siento que no puedo más.

Se abre ante mí un abismo. Puntas afiladas de cuchillos se clavan en mi espalda empujándome. A cada grito, sangro.

Todo cuanto hay almacenado en mí empieza a derramarse inminente, como un río desbordado; embarazada de todo el mal que supone esta terrible situación llega la hora de decidir: parir o dejarme caer vencida al abismo que me espera. Es cuestión de vida o muerte, es cuestión de cordura o locura, es cuestión de vomitar o explotar.

Vomito, aunque me cuesta. Sí. Vomito. Porque muero a cada soplo de vida, porque enloquezco entre pensamientos cuerdos.

Convierto las paredes de esta habitación en hojas en blanco y con la sangre de mi espalda escribo puertas y ventanas.