viernes, 4 de abril de 2014

NO PUEDE'S'ER SANO


No puede ser sana la forma de pensarte, tan real... la montaña rusa aún existe en mi estómago y la siento aunque no te vea. Es una ráfaga que me sorprende en cualquier momento del día y me suspira tu nombre.

No puede ser sano que invadas mi mente de esta manera, a tu antojo, paseándote por mis neuronas como si fuera tu casa, ¿quién te has creído para instalarte entre mis sienes y reinar mis fantasías y mis sueños? ¿Quién te has creído, ladrón? Maldito el día en que decidí olvidarte porque ahora no hago más que recordarte, me has robado mi pensamiento.

No, indudablemente, no puedes ser sano, tú, que te has incrustado tanto en mi vida que no sé cómo sacarte, ¿peor es saber que ya no podré tenerte?

No puede ser sano, tanto calor enfermizo, la enredadera de tus manos se ha quedado vagando por mi cintura y ese beso... Ése, quedó meciéndose en mi clavícula.

Pero, para, para... un momento... si tú ya me has olvidado... ¿por qué yo a ti no?

Calma


La calma, cuando llegue apaciguará los sombríos paisajes recónditos de mis pensamientos.

Calmará, ¡oh, sí! Todo cuanto me aflige; y el silencio, el amanecer, la oscuridad... serán allá donde la mirada no llega, pero sí, la calma.

En calma, donde la perturbada emoción dominada por otros sentidos arraigados en el deseo muerto de darles libertad, lloraré por la añoranza que brotará de la esperanza perdida.

Entonces, en esa calma, el tiempo se detendrá, la vida me gritará, la noche morirá y yo me perderé. Mañana, en esa calma, me desharé de sosiego. Mañana, volveré a encontrarme.

Mañana...

¡Niña, me vuelves loco!


Tu trenza negra
reposa distraída
para mí
sobre tu espalda

¡Niña, me vuelves loco!

Las curvas de tu cintura,
perderme en ellas quiero.
Pero siento
que quizá no regrese
¿qué encontraré allí?
agua para mi sed, seguro.
La seda de tu piel
me avisa que hay peligro
de querer volver
de querer más
querer más
más...

A por ello voy.
Me arriesgo.
En tus muslos camino
suavemente,
lentamente,
hasta las rodillas
curvadas
sensuales,
tu bello
me acaricia
y me dice
“sigue…
sigue…”

Regreso a tu cintura
por si me he perdido algo,
todo sigue igual
aunque parece mentira,
pero tu ombligo
latente, tu corazón
me marca el ritmo
tum, tum
tum, tum
¡que dulce movimiento!
tan sutil como tus besos
¡Oh, tus besos!

¡Bésame!
Que no sea capaz ya
de poder respirar
sin relamerme antes
las comisuras de mi boca,
intentando evocar
el dulce sabor de tu lengua
jugando a encontrar la mía
en la oscuridad del momento
y escondiéndose otro tanto
aumentando mis ganas de…
…mmmmmmmmm
mmmmmorderte…

...y te muerdo.
Tus pezones me lo piden
pues se clavan en mi pecho
pidiendo calor
humedad
Al tiempo,
tu vientre me mece,
me adentra,
y me succiona hacia
esa cueva que guarda
secretamente los placeres
que, sí, sólo tú me das.

Es por eso que aún sabiendo
que nunca me querrás
vuelvo a ti cuando me lo pides,
pues estoy, aunque no quiera,
preso de tus caprichos.
Muero cuando te alejas
para después revivir
con cada gemido
que tu cuerpo
le arranca al mío.

¡Niña... me vuelves loco!

lunes, 31 de marzo de 2014

LAO TSE

Ser profundamente amado te da fuerzas, mientras que amar profundamente a alguien te da coraje.

jueves, 27 de marzo de 2014

INSANNA

No hago nada. Ni voy. Ni vengo. Ni sé qué debo decir, ni qué debo pensar... pensar. Si al menos pudiera llorar, o gritar la rabia que siento. Si pudiera echar de mí estos susurros tuyos, esas caídas de mirada al suelo, si pudiera recoger el agua de tu abandono y tirarla al mar. Si al menos pudiera mirar, o hablar o simplemente escuchar. Pero sólo oigo truenos, estruendos que me atemorizan, me convierten en un bicho indefenso, gusano que se arrastra por el barro de tu huída...

Estoy estancada, entre muro y muro, caminos largos y solitarios me esperan a ambos lados, ¿hacia dónde ir? Ni siquiera sé si debería ponerme en pie y caminar. Temo andar, porque aún siento tus pisadas en mis pasos, el ritmo de tus pies en mis talones, la dirección circular atontada y prisionera de tu tiempo absurdo que en ningún lugar culmina.

Como el agua de un estanque todo empieza a oler mal aquí, aire respirado un millón de veces, encerrado. Un ecosistema se crea en la concavidad de mi ombligo, son tus recuerdos que los llevo alimentando sin placenta desde hace tiempo. Me pueblan todavía tus caricias los pechos, que a veces, erectos, se creen que estás conmigo... en la parte del océano de nuestro lecho donde solías navegar y bucear hasta anclar entre mis piernas. Sólo ha quedado la estela del barco que ya partió.

No sé a dónde ir, si me esperan en algún lugar, olvidé los nombres de esas borrosas caras. Me abruma la espesa niebla que has dejado a mi alrededor, me asusta la imagen de tu figura recortada en el horizonte, como el Osborne aquél, acechándome, vigilándome, viéndome cómo me pierdo en el devenir de mis días que ya se acaban. Soy resistente a tu mirada, pero mi corazón no. Puedo sentirte en mí, todavía controlando mis latidos, mis sentidos, mis suspiros.

Dando vueltas a un café, sentada en el extremo del sofá observo la soledad de mi casa. Yo sólo necesitaba que quisieras quererme... pero fría como mi café se ha quedado tu inocente promesa.

¿Y ahora qué?

Voy a quedarme quieta, en este socavón donde me dejaste. No voy a intentar salir, ni respirar, no voy a pedir aire ni agua, me quedaré estática sintiendo plano el encefalograma de mi vida. No sé si me lo merezco pero me voy a quedar aquí. Expectante del tiempo, a ver pasar las estaciones, observaré la órbita de Venus creciente, inventaré una esfera transparente que me resguarde del viento, dejaré que mi mente enloquezca y luego... luego si he de morir, moriré pero si he de vivir, viviré.

Porque no puede ser sana la forma que he tenido de amarte... no puede ser sana la forma en que me estás obligando a olvidarte. No puedo soportarlo y me vuelvo In-Sanna.

CUANDO NO PUEDO MÁS

Hay momentos en la vida en que es difícil explicar lo que se siente…
…esos mismos momentos son difíciles de explicar también.

La inmensidad del mar, un claro de luna, un desamor, la muerte, la vida, un beso.

Un “Qué bonito”, un “Te quiero”, un regalo, un lloro, un grito no sirven. Y esas sensaciones se clavan en mí, imposibles de digerir, aunque algunas me llenen de alegría. Se almacenan, se juntan, se alborotan. Y ya no hay cabida para más.

Esa combinación de sonidos y letras no me ayudan esta vez, no puedo comunicarme, no puedo hablar y un dolor sordo, constante, implacable, barrena mi alma, mi paciencia.

Situación insoportable. Me siento atrapada en una habitación blanca sin puertas ni ventanas. Es mi prisión. Siento miedo. Necesito huir pero no sé cómo y no sirve volver atrás. Todo cuanto haga es inútil. La impotencia se convierte en un gusano que me carcome por detro, me irrita, me enferma, me pudre.

El dolor de saberme aprisionada entre sensaciones inexplicables me llena de odio y rencor. Todo lo bueno que me acaricia inevitablemente me hace explotar. La decepción de quienes me quieren que también entra en mí, se instala en mi estómago, me pellizca.

La oscuridad, la soledad me aprietan en las sienes cada vez más fuerte.

Siento que no puedo más.

Se abre ante mí un abismo. Puntas afiladas de cuchillos se clavan en mi espalda empujándome. A cada grito, sangro.

Todo cuanto hay almacenado en mí empieza a derramarse inminente, como un río desbordado; embarazada de todo el mal que supone esta terrible situación llega la hora de decidir: parir o dejarme caer vencida al abismo que me espera. Es cuestión de vida o muerte, es cuestión de cordura o locura, es cuestión de vomitar o explotar.

Vomito, aunque me cuesta. Sí. Vomito. Porque muero a cada soplo de vida, porque enloquezco entre pensamientos cuerdos.

Convierto las paredes de esta habitación en hojas en blanco y con la sangre de mi espalda escribo puertas y ventanas.